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El Dr. Tim Flohrer de la ESA en Darmstadt analiza la creciente amenaza que suponen los desechos en el espacio y las medidas urgentes para unos viajes espaciales sostenibles
¿Qué sucede realmente con las naves espaciales artificiales cuando dejan de funcionar? Desde 1957, se han lanzado más de 6.000 satélites a la órbita terrestre, pero solo unos 800 siguen funcionando. El resto orbita la Tierra como basura espacial, junto con fragmentos de cohetes rotos y otros desechos espaciales. Según estimaciones de la Agencia Espacial Europea (ESA), actualmente hay más de 700.000 objetos de este tipo, de más de un centímetro, moviéndose a una velocidad vertiginosa en la órbita terrestre. El Dr. Tim Flohrer dirige la Oficina de Basura Espacial de la ESA en Darmstadt y es una figura clave en el ámbito de la seguridad espacial. En su función, supervisa el desarrollo y la propagación de la basura espacial, analiza los peligros potenciales y desarrolla estrategias para reducir el riesgo de colisiones en el espacio. Una parte importante de su trabajo consiste en coordinar esfuerzos internacionales y colaborar con científicos e ingenieros para promover tecnologías innovadoras para la eliminación y prevención de la basura. Flohrer se compromete a lograr una órbita más sostenible y a garantizar la seguridad de las futuras misiones espaciales. Hablamos con él en ESOC en Darmstadt.
Señor Flohrer, ¿qué tan grave es actualmente el problema de los desechos espaciales y cómo afecta al uso futuro del espacio?
A finales de la década de 1970, el científico de la NASA Donald J. Kessler publicó un artículo que demostraba el potencial de una reacción en cadena de colisiones y fragmentación de objetos espaciales. Inicialmente, el tema era principalmente de interés científico. Posteriormente, las agencias y operadores espaciales lo abordaron cada vez más. En febrero de 2009, se produjo la primera colisión de satélites en órbita terrestre. Este evento, si no antes, puso el tema en la mira del público, y durante los últimos dos o tres años, incluso se ha percibido como un problema ambiental, especialmente entre las generaciones más jóvenes. De hecho, la basura espacial impacta los viajes espaciales de muchas maneras. Las colisiones no solo podrían provocar fallos de funcionamiento, sino también aumentos significativos de costos para las compañías espaciales y representar un riesgo sustancial para las misiones espaciales tripuladas.
¿Qué medidas específicas está adoptando la ESA para reducir o eliminar la creciente cantidad de desechos espaciales?
Como organización intergubernamental, participamos activamente en el desarrollo y la solución de este problema. De esta manera, actuamos como modelo a seguir, un buen ejemplo para otros operadores. El espacio ya no es solo un ámbito científico. Más del 90 % del espacio está operado por entidades comerciales; basta con pensar en Elon Musk (SpaceX). Más de 100 países utilizan satélites. Esto se debe a que los costes de los programas espaciales han disminuido significativamente. Por lo tanto, en 2023, tras décadas de trabajo, lanzamos la Carta de Cero Desechos como guía para limitar significativamente la cantidad de desechos espaciales en la órbita terrestre y lunar para 2030 en todas las misiones, programas y actividades futuras de la agencia. La ESA se basa en la innovación tecnológica, unas directrices claras y la cooperación internacional para lograr este objetivo. Porque una cosa debe quedar clara: el espacio, por inmenso que parezca, es un recurso finito, comparable al agua potable.
¿Existen ejemplos específicos de misiones o tecnologías espaciales en las que la ESA haya contribuido con éxito a reducir los desechos espaciales?
En Darmstadt, hemos desarrollado modelos de "Seguridad Espacial" líderes a nivel mundial para la eliminación activa de basura espacial. Un ejemplo es la misión ClearSpace-1, que, por primera vez, capturará un componente defectuoso de un satélite y lo desorbitará de forma controlada. Esta misión sirve como prototipo para futuras operaciones de limpieza en el espacio.
Además, la ESA se centra en medidas preventivas mediante el desarrollo de nuevas directrices para el diseño de satélites que garanticen que no queden residuos en órbita tras la finalización de las misiones. Esto incluye el requisito de construir satélites capaces de retirarse de la órbita de forma autónoma al final de su vida útil. Mediante esta estrategia combinada de monitorización, prevención y eliminación selectiva, la ESA trabaja activamente en el uso sostenible del espacio.
¿Cómo trabaja su oficina en Darmstadt con socios internacionales para desarrollar una estrategia global para combatir los desechos espaciales? ¿Existe algún desafío legal o político que enfrente la ESA en la lucha contra los desechos espaciales, particularmente en un contexto internacional?
Nuestro derecho espacial data de las décadas de 1970 y 1980 y, en su forma actual, no está orientado al problema de los desechos espaciales. Las directrices desarrolladas para minimizar los desechos espaciales deberían incorporarse urgentemente al derecho internacional. La importancia de esta implementación es especialmente alta para algunos países, mientras que otros parecen verse menos afectados. Sin embargo, el riesgo que representan los desechos espaciales sigue siendo el mismo para todos: un desafío global que requiere la acción conjunta de las naciones.
Esto refuerza la importancia del desarrollo y la trascendencia de la Carta de Cero Desechos, elaborada por ESOC en colaboración con otros actores de la industria espacial. Esta Carta definió tanto principios rectores generales como objetivos específicos para reducir significativamente la cantidad de desechos espaciales para 2030. Más de 100 firmantes subrayan el compromiso de los Estados y operadores de abordar la sostenibilidad y la gestión responsable de los recursos espaciales como cuestiones cruciales.
¿Qué papel desempeña la cooperación con empresas espaciales privadas en la reducción de los desechos espaciales y cómo afecta el aumento del turismo espacial a esta cuestión?
La coordinación con operadores comerciales, como Elon Musk, es fundamental, ya que la cuota comercial de los servicios espaciales aumenta constantemente. La cantidad y diversidad de datos satelitales crece rápidamente, por ejemplo, en áreas como las telecomunicaciones o servicios como Google Maps. Si bien el turismo espacial se realiza actualmente en órbitas significativamente más bajas, donde los desechos se descomponen con mayor rapidez, el creciente uso del espacio exige una estrecha colaboración para garantizar la seguridad de las misiones y proyectos del ESOC de otros actores.
¿Qué estrategias e innovaciones a largo plazo está planeando la ESA para combatir el problema de los desechos espaciales en las próximas décadas?
Los avances en la lucha contra la basura espacial dependen cada vez más de tecnologías innovadoras en los llamados "servicios orbitales". El objetivo es pasar de una economía lineal a una circular, permitiendo la reparación, modificación o modernización de satélites en el espacio, en lugar de dejarlos abandonados como desechos una vez finalizada su vida útil. Estos enfoques buscan utilizar el recurso espacial de forma más eficiente, dado que este es cada vez más escaso y el riesgo de colisiones aumenta. La reparación y modificación de satélites no solo busca aumentar la sostenibilidad, sino también prolongar la vida útil de los dispositivos. Al mismo tiempo, surge el reto de desarrollar modelos de negocio sostenibles y financieramente viables para cubrir los costes de misiones tan complejas.